Andreu Buenafuente y Berto Romero son un claro ejemplo que en el curr
o se puede tener complicidad. Se respetan, potencian y admiran. Como consecuencia, su productividad artística y su bienestar personal son muy grandes. Los he seguido hace varios años, y es evidente cómo crece su relación y qué buen rollo destilan cuando actúan. Los Borgbones, Redecillas, los Fetos, los Piqueras, y un largo etcétera. Después de una dura jornada, a la gente (o al menos a mí), nos apetece ver buen rollo, gente descomplicada que disfruta y te hace disfrutar. Con la complicidad todo esto es posible.El ejemplo contrario lo encontramos con el sempiterno Mourinho y Valdano. Las últimas semanas no han dejado de mandarse dardos envenenados por la prensa, fruto sin duda de la frustación de ser inferiores al Barça de Guardiola, todo un ejemplo de excelencia. Si quieren construir el mejor equipo del mundo, han de poner de su parte para que haya una mínima complicidad entre sus dos manatarios deportivos más importantes. Si no, la excelencia no es posible. Ni en el fútbol ni en ningún orden de la vida. Cada día las tareas son más complejas y los equipos de trabajo han de estar más diversificados y a la vez compenetrados. He de reconocer que en este caso concreto e
l amigo Mourinho es imbatible. Inteligente, bien parecido y seductor con las personas que le interesan. Y despreciativo, faltón y humillante con el resto de los mortales. Cuando las cosas salen bien, su tono altanero es inimitable. Pero ante la derrota su capacidad de auticrítica es muy reducida, y resulta poco solidario con los débiles de su grupo. He de reconocer que la complicidad con Mourinho es harto difícil. Tendrías que adularle en los buenos momentos y aguantar sus exabruptos ante las dificultades. Yo no podría. No me extraña que Valdano no pueda tampoco.







